” A las once la familia se retiró a sus cuartos y a las once y media estaban apagadas todas las luces. Poo depsués despertó a mister Otis un ruido singular en el corredor; parecía como si arrastrasen unos hierros viejos, y se acercaba cada vez más. [...]
Y vio frente a él, a los pálidos rayos de la luna, a un anciano de aspecto aterrador. De sus muñecas y tobillos colgaban unas pesadas cadenas y unos grilletes mohosos.
-Mi distinguido señor-dijo mister Otis-, permítame que le ruege encarecidamente que se engrase esas cadenas.[...]
Pero cuando llegaba al rellano d ela gran escalera de roble, se abrió de repente una puerta y aparecieron dos figura infantiles vestidas de blanco ¡ y una gruesa almohada pasó disparada rozando su cabeza![...]
Jamás, en toda su brillante y dilatada carrera, que duraba ya trescientos años seguidos, había sido insultado tan groseramente.”
“The Canterville Ghost and other stories”, Oscar Wilde

